Lucas y la película de su escape: entre la realidad y la ilusión


El peso de escribir desde el corazón
Conforme avanza mi escritura, me doy cuenta de la falta de palabras para transmitir sentimientos

humanos. Hoy pienso en los capítulos anteriores en donde mencioné que fueron difíciles de escribir, pero en realidad, todas las etapas del camino están compuestas de dolor. Al iniciar un capítulo nuevo, entiendo que me anticipé al decir que el anterior era el más difícil o al siquiera compararlos. 


Más que una escritura de la historia que hemos vivido, es sentarse frente a una computadora para conectar con aquellos sentimientos que parecían imposibles de superar, y abrir heridas propias para que ustedes, al leer, comprendan la magnitud de lo que guarda el corazón de una madre y la lucha que hemos llevado.


Este episodio duele desde el primer párrafo. Duele al cerrar los ojos para conectar con la memoria, con el corazón, y pedirle al alma que se comunique con las palabras correctas, iluminadas por el Espíritu Divino. Inicio mi escritura pidiendo a Dios que me utilice como herramienta para transmitir el mensaje necesario, para crear más consciencia, compasión, amor y unidad en la sociedad que compartimos.


El mensaje es importante y por eso hago este trabajo, porque hoy confío en que Dios compensará lo vivido, multiplicando todo con amor. Esta escritura es parte de la transformación necesaria dentro del plan divino. Como las mariposas que reposan un tiempo en su capullo antes de mostrar su belleza, estamos en esa etapa y, en algún momento, abriremos las alas para poder volar en completa libertad.


¿Dónde está Lucas?

Esta pregunta retumbaba en mi cabeza con un sinfín de posibilidades aquella madrugada de abril, cuando él simplemente decidió huir del encierro sofocante que lo estaba consumiendo en cuerpo y alma. Como lo comenté en el episodio anterior, simplemente se fue.


Las primeras horas, después de reportar la huida de Lucas a la policía, activamos todos los protocolos para buscar a un muchacho que había violado el sistema de prisión domiciliaria, pero que estaba psicológicamente afectado y contaba con una orden médica de internación emitida por su psiquiatra.


Lucas había huido de casa sin llevar nada consigo. No tenía dinero, identificación ni ropa. Solo llevaba el celular, apagado y sin batería. Al principio pensé que volvería y lamentaba profundamente que perdería entonces el “beneficio” de la prisión domiciliaria.


Cuando su papá llegó esa mañana al aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, traía la ilusión de abrazar y ayudar a su hijo. Pero al encender el teléfono y recibir señal, lo primero que leyó fue el mensaje que ningún padre espera: “Lucas se fue y no sabemos dónde está.”


Después de más de nueve horas de vuelo desde Costa Rica a Argentina, más el trayecto hasta La Plata, llegó con el amanecer sobre nuestras cabezas. Caminó por infinitas calles, recorriendo barrios en busca de su hijo. A pesar del cansancio físico, el amor movía sus piernas, aunque sin éxito.


Primeras Horas de Angustia

El solo hecho de entrar en la habitación de Lucas fue un acto entre el terror y una mezcla de sentimientos difíciles de explicar. No sabía si encontraría una carta; solo pensarlo me helaba la piel. Al mismo tiempo, era la pista que buscaba para explicar la locura de aquella decisión. Pero, no había carta ni pista alguna.




La computadora estaba encendida, con el monitor rayado por marcadores y dibujos que no sabía interpretar. En la pantalla aparecía la foto de una
streamer famosa (una muchacha que hacía contenido de videojuegos). También había un grupo de jóvenes transmitiendo en vivo en una plataforma digital. Nada tenía sentido para mí, ni siquiera para la psicóloga que llegó de emergencia a revisar la habitación, buscando como yo alguna pista.


Esa noche nadie logró dormir. Tomás estuvo despierto a mi lado, entre llamadas de familiares, amigos y vecinos que se fueron acercando al ver las patrullas de policía y escuchar mi llanto desconsolado. Con cada abrazo y mensaje de “lo siento”, mis ojos no soltaban más que lágrimas de desespero.


Acompañé al abogado esa mañana al Juzgado para entregar la orden de internación y explicar que Lucas estaba en un estado de depresión muy grande, lo que podría generarle algún trastorno que impulsara la acción que había tomado. Les solicitamos valorar la orden de internamiento en un hospital psiquiátrico, la autorización médica para suministrarle el medicamento y las debidas alertas a la policía en caso de que lo ubicaran.


En ese momento, a pesar de todo, seguía confiando en el sistema y en que la justicia llegaría. Confié en que la solicitud sería tomada en cuenta y que actuarían con responsabilidad ante lo documentado por el psiquiatra..


Este limbo de sentimientos, cuando no sabemos nada de nuestros hijos

Crecimos con nuestra madre o algún responsable al lado que siempre está atento a lo que hacemos y, la mayoría del tiempo, sabemos dónde ubicarnos. Lo mismo replicamos con nuestros hijos porque tenemos esta necesidad humana de cuidarlos, de saber lo que hacen y de tener la tranquilidad de un lugar donde ir a buscarlos cuando sea necesario.


Aunque crecemos y nos hacemos adultos, los detalles se pierden, pero tenemos la tranquilidad de saber dónde: un país, un pueblo, un estado donde estamos ubicados en el espacio. También ocurre cuando alguien muere, sabemos que físicamente no está, pero somos conscientes de la ausencia.


Durante tres días, estuve sin saber nada de Lucas. Pensaba en Buenos Aires, una ciudad con más de tres millones de personas. Una provincia en donde su extensión territorial es tan grande como seis veces el territorio que posee Costa Rica. ¿Por dónde empezar a buscar? Aquello era una locura, literalmente la búsqueda de una aguja en un pajar.


Me encontraba sentada en la habitación de Lucas, sin saber si algún día lo volvería a ver, esperando una llamada con un sinfín de posibilidades. Entonces, comprendí lo que se siente estar en el limbo, con un familiar desaparecido.


Enfrenté a todos los demonios que pasaron por mi cabeza para recordarme cada una de las posibilidades que podían existir. Sentí en carne propia el sufrimiento de no saber.

Existió en mi cabeza el pensamiento de que quizá hubiese cruzado una frontera con gran astucia y que, si fuese así, sería porque tenía un plan magnífico que él había logrado ejecutar sin contárselo a nadie. Yo ya había llamado a todos, pero nadie lo conocía de ningún plan. Fue solo una ilusión propia para buscar consuelo.


Me senté a llorar, desesperada, cuando el pensamiento me atravesó: quizá estaba muerto. Esta idea me visitó muchas veces y lo sufrí por horas, mientras contemplaba su ropa, abrazaba alguna de sus prendas y caía hincada suplicando misericordia divina. Sentí el dolor de una madre que recibe esta triste noticia. La sentí en mi cuerpo y mi mente hizo que lo viviera cual posible realidad de una manera tan tangible. Pero, aún en ese escenario, aquella madre sabría adónde está el cuerpo de su hijo y, en mi caso, quizá nunca tendría la posibilidad de siquiera despedirme de él.


Me dormía sobre su cama llorando mientras lo pensaba tirado en un cartón en algún rincón de la ciudad, pero quizá nunca lograría reconocerlo entre la cantidad de habitantes de calle en la inmensa Buenos Aires. Sentí el hambre, el frío, el abandono de quienes viven en esta condición y me dolía hasta lo más profundo pensar que caminaría en adelante buscándolo en aquellas caras sucias y pies descalzos; lo buscaría infinitamente entre cada mano que pide una limosna.


Aquellos días no hubo escuela para Tomás, tampoco cabeza para trabajar. Las horas pasaron lentas como semanas y comer era simplemente imposible. Cada llamada era sentir que el corazón se quería salir del pecho y el miedo constante no daba cabida a ningún panorama positivo.


Estuve enojada también. Pensé que aquello había sido una falta de consideración ante tanto esfuerzo y que cualquier consecuencia sería bien merecida después de tal acto de egoísmo. Pero el enojo era desplazado rápidamente por el dolor y volvía a caer en los hilos de posibilidades y pensamientos que se movían en mi cabeza.


Un Mensaje Celestial


Las oraciones no faltaban y recuerdo que una noche estuve de rodillas junto a la cama, mi cuerpo no daba más, estaba enojada reclamando a Dios por todo. Estaba tan enojada que no podía comprender por qué insistía en enviarme tanto dolor. Por más que buscaba en mi corazón algún motivo de castigo divino, siempre reconocía haber actuado con amor y comportarme como una persona de bien a lo largo de mi vida. Pero, ¿por qué Dios estaba empeñado en hacerme sufrir?, ¿por qué a nosotros? Pasaba una y otra vez esta pregunta por mi cabeza.


Le hice reclamos y me respondió esa misma noche. Tuve una sensación, mientras estaba ahí hincada y agotada, sentía detrás de mí una luz que abrazaba con amor. Pasó por mi cabeza la imagen de la Virgen María, quien fuera destinada a la difícil tarea de ser madre de Jesús, hijo al que vería sufrir y ser crucificado. Fue madre, amó como una madre, era humana como una más de nosotras. Pero, ¿cómo fue posible que soportara tanto dolor? Encontré la respuesta en la confianza. Lo que me estaba faltando era confianza y entendí entonces que debía orar para fortalecer mi fe y permitir que la confianza brotara en mí cual manantial que limpia todo dolor.


Esa mañana me levanté para ir a dejarle unas flores a la virgen de la catedral. Ahí empecé a escuchar más a mi corazón, a dejarme guiar más por mi intuición y la mente empezó a silenciarse. Sentí que debía buscar un ángel, eso me llegaba como un mensaje. Puede sonar mágico, pero caminé por la calle buscando escaparates con alguna imagen angelical.


Me detuve en una tienda holística y compré sahumerios, velas para iluminar el camino. Lo sentía en el corazón y simplemente me dejaba guiar.

El sol me cegó la vista en una calle y sentí a Lucas caminando hacia aquel sol, como un dibujo que había hecho hace tiempo para él. Justo en aquel lugar había una tienda que tenía ángeles en la ventana, figuras de ángeles de todos tamaños. Entré a la tienda y una señora me dijo: “Tengo que leerte las cartas…”. Yo solo dejé que pasara sin mencionar nada. Ella me dijo: “Tu hijo, hoy vas a tener noticias de él.” Me quedé sorprendida e incrédula.


Es más increíble aún que esa misma noche recibimos un mensaje de alguien preguntando por Instagram: Familiar de Luke Solo? Queremos informarle que está detenido en el Hospital de Ezeiza en Argentina.

El mensaje lo había escrito una enfermera de aquel hospital. Se lo había escrito a la tía de Lucas, quien permanecía atenta a todo lo que estaba ocurriendo. Entonces contactamos a la enfermera para preguntar detalles y confirmar que se trataba de Lucas.


Cuando logré hablar con aquella señora, no había palabras suficientes para agradecerle, era mi ángel. Esa misma noche la psicóloga de Lucas nos llevó hasta el hospital, que está ubicado a 90 kilómetros de nuestra casa en La Plata. No nos dejaron verlo, estaba bajo custodia, pero logramos comprobar que era él por medio de una foto. De camino a casa solo nos preguntamos: ¿pero, cómo llegó hasta allá?


La Historia Digna de una Película

Cuando finalmente logré hablar con la enfermera que nos contactó, ella me contó la parte de la historia que conocía. Dijo: “Este muchacho ingresó ayer al hospital. Lo trajo la policía del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Sufre de un brote psicótico agudo y no sabía cómo se llamaba, solo hablaba en inglés. Le pregunté si tenía redes sociales y me dijo que sí. Me decía que se llama Luke Solo. Así fue que lo busqué y encontré en Instagram.”


Lucas había burlado la seguridad del aeropuerto internacional más grande de Argentina. Ese día estaban en alerta naranja por ataques internacionales entre Irán e Israel. En teoría, era un aeropuerto con más atención y seguridad. Sin embargo, Lucas había saltado las vallas desde el exterior del aeropuerto, logró correr por una pista de aterrizaje y subirse en un avión de Delta que estaba en una rampa, estacionado, con la puerta abierta y sin pasajeros.


La policía lo detuvo dentro del avión mientras comía un pan de queso que se encontró en la cocina del avión y tomaba agua. No sabía decir quién era y decía que él estaba en Costa Rica, pero que se había “teletransportado” y por eso apareció en Argentina. Luego hizo mención de ser parte de una película y que las cámaras estaban ocultas grabando.


Estaba en una habitación del hospital porque evidentemente no estaba bien de la cabeza. Se encontraba deshidratado. Lo tenían esposado en una cama con policías en custodia. Cuando nos permitieron pasar a verlo, aún estaba alterado. Su mirada, nunca olvidaré sus ojos que se movían rápidamente y el enojo al verme.


Entregamos al hospital y a la policía el historial de Lucas, así como documentación, colaborando en el proceso de reconocimiento. No se levantaron cargos por la condición médica que sufría. Hicimos el reporte al Tribunal, solicitando que se le brindara la atención médica necesaria. Estábamos a la espera de un psiquiatra que le diera la atención en el hospital y el debido tratamiento. Sin embargo, el Tribunal solicitó a la Policía de Aeropuerto trasladarlo a La Plata, sin ser dado de alta médica.


El Diagnóstico Negado

Al día siguiente, cuando fuimos al hospital para visitarlo, ya no estaba. No nos avisaron nada. Nadie nos decía dónde lo llevaron, pues, según indicaron, era confidencial. Fuimos a buscar copia del expediente o diagnóstico, y nos negaron la información por el mismo motivo. Solamente un funcionario del Hospital de Ezeiza, que amablemente abrió el expediente, nos mostró que decía: Diagnóstico: brote psicótico agudo. No le dieron siquiera la oportunidad de recibir tratamiento.



Pero, ¿qué es un brote psicótico agudo?

Esta situación me llevó a abordar temas de psicología y psiquiatría que jamás pensé tener que estudiar o analizar. Lucas había estado viviendo por meses en un estado de depresión profundo y, los últimos días antes del brote, vivió situaciones de estrés extremo y prolongado que terminaron desencadenando el caos.


Los análisis de sangre descartaron consumo de drogas alucinógenas o químicos. Justamente el día que esto sucedió, el estrés se multiplicó con las constantes visitas de monitoreo y la llamada del Tribunal para presentarse a justificar los reportes. La mente tomó el control total del cuerpo. Empezó a sentir que lo querían encerrar de nuevo. Junto con esto, el estrés de la intervención psicológica, psiquiátrica y del abogado.


La convivencia que habíamos sufrido los últimos meses, en donde él dejó de escuchar todo razonamiento… Estaba viviendo en una realidad que construyó en su cabeza para escapar a la que le hacía tanto daño. Por desgracia, yo no logré distinguir esto por el enojo que me producía su descontrol. Los constantes llamados de atención y discusiones solo habían empeorado la situación y nos habían alejado cada día más.


Aquella noche, cuando Lucas estaba sentado en el muro de la casa, perdió el contacto con la realidad. Empezó a experimentar alucinaciones, escuchando voces que le decían que corriera y se alejara de ahí porque le iban a hacer daño, lo volverían a encerrar.

En esa percepción de la realidad, Lucas pensó que unos creadores de contenido de plataformas de internet, que son españoles (streamers), enviarían un avión por él a Argentina. Le dijeron que, mientras hacía todo el recorrido, lo estarían grabando con cámaras para hacer una película de su huida hasta el aeropuerto, pero no le dijeron cuál. Experimentó entonces un estado de euforia y corrió motivado por las voces que escuchaba en su cabeza y toda esta historia que creía real.



De Regreso al Infierno

No contamos nunca con un diagnóstico claro. Sin embargo la prisión domiciliaria fue revocada y Lucas fue encerrado de vuelta en un calabozo. Aquel día, cuando lo sacaron del Hospital de Ezeiza, fue trasladado al Tribunal de La Plata. Estuve buscándolo toda la tarde entre las distintas comisarías de la ciudad. Entendí entonces a las madres que, en la dictadura, perdieron así a sus hijos, porque nadie les daba información de sus paraderos. En Argentina creen que la dictadura se acabó, pero se lleva a cabo en silencio y bajo el marco de la ley. No existió respeto a los derechos humanos y, sin ser diagnosticado ni recibir tratamiento, mi hijo estaba de vuelta en el mismo infierno donde lo encontré cuando llegué a Argentina, alojado en la Comisaría Cuarta, donde todo este daño psicológico empezó.


No me quiso recibir en visita, porque no quería que yo sufriera de nuevo todo lo que ahí vivimos. Las cartas empezaron nuevamente, junto con los toppers de comida, hasta que al final me permitió entrar a visitarlo. Esta vez estaba completamente solo en aquel calabozo oscuro. Juntos lloramos entre los recuerdos que producía este espacio. Tener que dejarlo ahí solo, mientras compartía conmigo el deseo de acabar con su vida, no fue cosa fácil.

Sin embargo, Lucas es muy valiente. Admiro su fortaleza y confío en sus valores, en el amor que tiene dentro, y soportó aquellas semanas encerrado en ese espacio.



La Rebeldía Necesaria

El abogado de Lucas interpuso un Habeas Corpus, pero fue ignorado por el Tribunal Penal que llevaba el caso. Un Habeas Corpus es un procedimiento que protege al detenido cuando las condiciones amenazan de forma ilegal su libertad o existen condiciones inhumanas.


La vida nos había llevado a muchos escenarios hasta este punto del camino. A pesar de siempre estar luchando, lo hacía con miedo y sin sentirme en el derecho de realizar reclamo alguno. Todo era soportado desde el más sumiso respeto, esperando compasión de un mundo que no la tiene.


En aquel momento despertó en mí la rebeldía. Aquella que es tan natural en mí y que, por orden familiar durante mi crianza, terminaron convenciéndome de que ser rebelde era sinónimo de desobediencia, descontrol y mala educación. Por años la guardé, enterrada cual cosa que deba ser controlada. La mantuve a raya, como me enseñaron que debía hacerse. Pero me di cuenta de que era necesaria para sobrevivir. Era necesaria la más grande de las rebeldías para levantarse en guerra contra un sistema que estaba actuando con autoritarismo, pasando por sobre los derechos básicos de salud y atención médica. Era necesaria para defender a quienes amo.


Empecé a contactar a la Embajada de Costa Rica en Argentina para exigir asistencia; sin embargo, no había nadie asignado al puesto en ese momento. Envié correos a la Defensoría de los Habitantes en Costa Rica para reclamar atención en este país. Contestaron, pero me dijeron que no podían actuar.

Contacté a Derechos Humanos en Argentina, que aquí es llevado por el Comité por la Memoria. Paradójicamente, el nombre hace referencia a no olvidar las violaciones de derechos humanos sufridas durante la última dictadura en Argentina. Sin embargo, el error es que piensan que las violaciones fueron cuestión de dictaduras y tienen una mirada ciega ante el abuso que sucede a diario, pero que se justifica con inhumanas excusas..


El Negocio detrás del Sistema

Después de extensos correos denunciando los abusos sufridos, el Comité por la Memoria interpuso un Habeas Corpus ante el Tribunal, solicitando la evaluación y tratamiento de Lucas. Para ese momento, Lucas había sido trasladado de nuevo al Penal de Olmos, pero en esta ocasión, y debido a las denuncias junto con el Habeas Corpus que fue atendido a regañadientes, Lucas fue llevado a la Unidad 34 de Melchor Romero, una unidad neuropsiquiátrica, la única en la provincia de Buenos Aires.


Busqué entonces ampliar el panorama de asesoría legal, escuchando opiniones entre otros abogados penalistas. Conseguí un turno con un abogado reconocido por el caso de Maradona y coordinamos visitarlo para revisar la causa.


Asistimos a la reunión el padre de Lucas y yo, en un edificio elegante de Puerto Madero, en un penthouse, en donde nos dijo:

“- Hay abogados que solo tienen acceso a la mesa de entrada y quizá son atendidos por el secretario. Nosotros llamamos al Juez directamente, porque tenemos relación directa con Ramiro (el juez del caso de Lucas). El Juez revisó la causa de tu hijo y, a su criterio, aparece como in-defendido. Esto significa que no ha tenido defensa apropiada, a pesar de pagar un abogado particular. Ramiro dice que tu hijo sale en libertad en marzo 2025 porque esta causa no tiene sustento, pero no le gusta que estés haciendo llamadas a la Embajada para que intervenga y al Comité por la Memoria. Si seguís actuando así, va a hacer lo contrario a lo que te estoy diciendo. Nosotros podemos llevar el caso. Solo tomamos casos que sabemos que vamos a ganar…”


En aquel momento no comprendimos la magnitud de la amenaza y que aquello estaba bien coordinado, pues, como lo dije anteriormente, confiaba en el proceso y neutralidad del juez. Sin embargo, aquel abogado solicitaba un precio que no podía pagar. Solicitó $36 000 USD. Dijo que serían $15 000 USD para cada uno de los dos abogados Los $6000 USD eran para una pericia que nunca comprendí a qué hacía referencia, porque estábamos en una etapa donde no entraban más pruebas. Ahora estoy casi segura de que se trataba de la “comisión” del juez.


Pregunté: “¿Ustedes garantizan la libertad de mi hijo en marzo?” y me dijeron que no podrían garantizarla, pero que ya todo estaba hablado, con las condiciones mencionadas. Aquello era un secuestro legal y no estaba dispuesta a entrar en el juego. Estaban solicitando el dinero en efectivo. Era dinero que no teníamos, así que me quedé tranquila con la consulta y respuesta supuestamente brindada por el juez. Decidí ignorar las llamadas e intentos por hacerme propuestas durante los días posteriores a esa visita. Por desgracia, no hice grabaciones de aquella entrevista, pero el papá de Lucas, quien me acompañó a la cita, es testigo fiel de lo que escuchamos aquel día.


Lucas continúa detenido al día de hoy en la Unidad 34 de Melchor Romero. Esta es otra parte de la historia que aún tengo pendiente abordar.


Carolina Solórzano Solís

CR SINPE MOVIL COSTA RICA: 8899-5155 
PAYPAL: @carosolsol
También puedes colaborar compartiendo con otros este testimonio de amor  💜

Este camino continúa, con tropiezos, aprendizajes y con la convicción de que no estamos solos. Gracias por acompañarnos, por leer y por sostener con tu apoyo esta carga que se hace más ligera cuando se comparte.

"La depresión no es un signo de debilidad, es un signo de que has sido fuerte durante demasiado tiempo." — Sigmund Freud




Comentarios

  1. Mucha fuerza Dios y la virgen santísima los protejan fe y confianza un abrazo solidario.

    ResponderEliminar
  2. Mi chiquita, como estas sufriendo al igual que tu familia, no te separesde ese Dios misericordioso que está dentro de nosotros, recuerde no está en ninguna iglesia, solo tenemos que tener fe como una semilla de mostaza para ser escuchados ,ten fe de esa que sale del alma ,en esta vida todo tiene un propósito [[[TEN FÉ como una semilla de mostaza, es muy fácil decirlo pero es asi]]] todo va a salir bien son tiempos de Dios,yo no soy muy religiosa ,pero seque esa luz divina está dentro de nosotros, un gran abrazo ,tengo la fe que todo va a estar mejor todos los días ,sos una guerrera, que Dios te guíe e ilumine

    ResponderEliminar
  3. Es increíble como la gente se aprovecha de las situaciones difíciles de los demás, pero hay un Dios que guía sus pasos. Que Dios continúe dándoles fuerzas, que envíe todos los ángeles que necesitan.

    ResponderEliminar
  4. No te sueltes de la mano de Dios........ Él siempre estará con ustedes, sólo te fe..... Aferrate a ese gran Amor y que su misericordia es eterna.. Bendiciones mi niña Dios y la Virgen les cuiden.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

💬 Dejanos tu mensaje, tu palabra cuenta

Gracias por tomarte el tiempo de leer nuestra historia.
Este espacio está abierto para tus palabras de apoyo, reflexiones o simplemente para compartir un mensaje desde el corazón.

Cada comentario que recibimos nos da fuerza para seguir adelante. No estás hablando con una pantalla, estás acompañando a una familia que lucha cada día con fe y esperanza.

✨ "El amor no se agota: se multiplica."

💛 Carolina y familia

Entradas populares de este blog

Unidos por Lucas: Justicia y Reunión Familiar

Cuando el corazón se divide

Prisión Domiciliaria: El Camino Hacia Casa, No Siempre es Libertad