Lo que viví mientras condenaban a mi hijo: donde la justicia se quiebra y nace otra forma de ver el mundo

Hay pausas que son necesarias en la vida.

Abrir el corazón y abrazar todos los sentimientos que surgen a través del ejercicio de la escritura, contemplarlos con compasión y recibir las lecciones que nos dejan, es parte de crecer en la sabiduría del proceso.

Es necesario un sentimiento limpio, una mente con ideas claras y escuchar cuando el corazón pide un respiro. Pasaron meses a los que llamaré mi sanación. Abro mi corazón para recibir la lección que este proceso nos entrega; contemplo las cicatrices que el tiempo ha dejado, como parte de mi crecimiento, y agradezco.

No es fácil exponer el cuerpo a este ejercicio y por esto fue necesario el tiempo, el amor y la comprensión con la que hoy observo el camino recorrido. De pronto, me vi a mí misma juzgándome. Sentí que el mensaje que estaba enviando era victimizante, de dolor. Pensé que yo no estaba más en esa posición, e intenté minimizar lo vivido en mi cabeza, porque me enseñaron a ser fuerte y no quejarme. Aquella que escribía era una parte que no quería reconocer. Sin embargo, me detuve para recordar, me detuve a valorar el camino difícil que estamos recorriendo y que no es una vida con dualidades de bien y mal. Es lo que hay, es la vida… es lo que nos tocó vivir y solamente la actitud con la que enfrentamos cada paso, es lo que hace que retorne al valor propio de recorrerlo.

Tomé el tiempo que consideré necesario para abrazar el dolor, abracé cada esfuerzo realizado, dándole el valor que merece. Agradezco infinitamente a Dios la compasión que tengo ante cada situación que hoy me presenta en la vida, esta sensibilidad que me recuerda que estoy viva y tengo un propósito más allá del que hoy pueda contemplar.

Lejos de ser más simple, he tomado el camino difícil de exponer todo lo que hemos pasado en el proceso para tocar corazones y buscar sembrar esta semilla de una comprensión más profunda hacia lo que nadie quiere hablar. La justicia, lejos de ser justa, hoy es la más injusta, y no me refiero a una sentencia, me refiero al ritmo que sigue de corazones sedientos de dolor que se manifiesta en odio, en sed de venganza hasta hacer pagar al otro. Y realmente, cuando esto sucede, tampoco se está en paz… ¿por qué será?

La comunidad penitenciaria

Esta unidad se volvió parte de nuestra cotidianidad. Familias que se convirtieron en comunidad mientras esperábamos el día del juicio para Lucas. Aprendimos a convivir con ellos, nos acostumbramos a la marcha semanal de cada visita y los abrazos compartidos con los que ahí conviven y sus familias.

Desde hace varios años que dejé de celebrar la Navidad. En casa no hay una fecha exclusiva de festividad desde que Lucas no está con nosotros, se celebra cuando corresponde la visita y justamente para esas fechas, no se asignan.

El año pasado mis papás vinieron a Argentina y los días más bonitos de diciembre fueron cuando compartimos en familia junto a Lucas. Ese nacimiento del amor, esperanza y reconciliación, lo vivimos en fechas dictadas por un calendario de visitas expuesto en una pared del penal, no se trata de un 24 o 25 de diciembre, es cada semana al poder verlo, abrazarlo y recordarle lo mucho que lo amamos. Lo comercial perdió importancia.

Cada fin de año, desde las últimas semanas de diciembre hasta febrero, todo el aparato judicial del país se congela por la feria judicial, vacaciones de verano. Costó mucho comprender cómo todo proceso se detiene durante este tiempo y solo se atienden casos de emergencia. Pero a esto le llamamos justicia y la sociedad lo respalda.

El cumpleaños 23 de Lucas llegó en el penal, en medio de esta comunidad de amigos. Llevé globos, un asado, su postre favorito, tres leches, el cual él recuerda con cariño en cada cumpleaños porque yo siempre lo preparaba desde que era pequeño. La celebración fue llena de amor, cantos y abrazos, gracias a Julio y sus compañeros que ahora son parte de nuestra vida.

El día 22 de marzo del 2025, se cumplieron tres años desde que todo el proceso empezó. Fueron tres años de prisión preventiva cumplidos a cabalidad dentro de todo lo que el aparato judicial pudo extender hasta tocar los límites de tiempo. El juicio tenía fecha para 27 y 28 de marzo del 2025, así que esperamos con paciencia la fecha tan esperada.

Abreviados, audios, amenazas e inoperancia

A finales de diciembre del 2024, el abogado había llegado con una propuesta por parte del fiscal, ofreciendo nuevamente un arreglo de juicio abreviado, en donde Lucas aceptaba la culpa y la condena sería de 7 años. La propuesta volvió a llegar en febrero con especial apuro por evitar el proceso del juicio y con la clara amenaza de que, al no aceptarla, sería una pena para nosotros, porque la fiscalía entonces tenía planeado solicitar la sentencia máxima. Hablaron de 12 años nuevamente. En el mes de septiembre del 2024, durante la audiencia de Lucas con el juez, ya habían amenazado con 12 años y volvían a colocar el panorama amenazante a sus demandas de aceptar una culpa que no estábamos dispuestos a cargar.

Hasta el día de hoy, me desgasto todas las semanas solicitando el audio de esa audiencia a nuestro abogado y pasado todo este tiempo, nunca logré obtener una copia. Solicité el audio de manera directa y me lo negaron, lo hice a través de la embajada y no fue posible, también solicité ayuda al Comité por la Memoria respecto a esto, pero todo recae en nuestro abogado. Todas las semanas le escribo un mensaje, un audio, una llamada, le recuerdo que debe enviarme este archivo con la amenaza del juez y ha sido desgastante, sin respuesta positiva. ¿Para qué quiero el audio? Porque necesito recusar a este juez. No tuvo ética con Lucas y quiero poner un antecedente para que registren y valoren su comportamiento.

No aceptamos el abreviado, pensando que podíamos confiar en la justicia y en este juez. Pecamos de confiarnos como buenos "ticos", porque la justicia no llegó. Hace tiempo que dejó de haber justicia porque, más allá de una sentencia, la injusticia inicia desde la detención, los espacios donde son detenidos, el trato que se recibe, los tiempos excesivos que se toman en cada proceso. La interpretación personal que cada juez tiene en su práctica, porque lejos de apegarse a un código penal, hay valoraciones personales que no deberían entrar en el juego, pero existen y nadie tiene cómo defenderse ante esto.

La balanza descompuesta de la justicia

La noche antes del juicio estaba en casa, planchando en la mesa el traje de Lucas para el siguiente día. De pronto, un pensamiento se cruzó por mi cabeza. Había imaginado este escenario de estar planchando su traje para su graduación, para su matrimonio quizá, pero nunca para enfrentar un juicio. Pero agradecí no estar planchando el traje para su funeral y seguí adelante, tratando de flotar en medio de un desborde de sentimientos que invaden la mente y se apoderan convertidos en miedo.

Días antes del juicio nos enteramos de que el juez había desestimado pruebas vitales para la defensa. Pruebas como: la pericia médica que se le hizo a la mujer, donde se constataba que no habían lesiones compatibles con su testimonio de ahorcamiento, golpes en la cabeza, forcejeo. Se desestimó el ADN de la ropa y cuerpo de la supuesta víctima en donde no existía ningún rastro biológico de Lucas. Pruebas, a mi opinión, básicas para definir un juicio con esta acusación tan grave. No se tomaron en cuenta las pericias psicológicas y médicas en donde la muchacha confirma que padecía de ansiedad, depresión, tomaba medicamentos y los dejó sin seguimiento. Tampoco se valoró el acta de aprehensión que demostraba los golpes que Lucas recibió por parte de los policías. Estábamos ante un juicio que sería definido por meras declaraciones verbales en juicio.

A pesar de todo esto, pensamos que ambas declaraciones serían contempladas por igual. Nos presentamos al juicio sin testigos porque no existían.
Sin pruebas porque fueron desestimadas.
La fiscalía presentó testigos preparados y se valoraron a pesar de lo irrelevante de sus declaraciones pues, todo estaba perfectamente armado.

La declaración ensayada de una joven que se presentó a declarar con su guion lleno de contradicciones, para luego marcharse y no volver más. De corazón espero que encuentre cómo sanar lo que su alma carga y que algún día valore, abrace y sepa perdonar con amor profundo lo sucedido.

Fui víctima de abuso sexual de niña y es una historia que apenas empiezo a sanar. Tengo leves recuerdos, pues mi inconsciente supo ocultar la historia para evitarme el dolor. Sin embargo, mi alma, mi corazón y mi cuerpo saben reconocer que esto que viví es parte de lo que me construyó. Es una marca más que hoy reconozco y valoro. Sí, se llega a valorar hasta lo que duele cuando el corazón se abre a la misericordia, a la sanación, a no cargar con malos sentimientos y se aprende a ser compasivo.

¿Tenía que pasar por esto?, quizás, no tengo una respuesta. Aún busco el significado de lo que mi alma sabe que debo aprender y sanar de lo vivido, en mi historia personal, la de mi linaje y para mis hijos. Honro mi camino.

Fue un juicio repleto de hipótesis acomodadas y previamente ensayadas. Sin embargo, después de los dos días de testimonios y alegatos, nos dieron fecha para dictar una sentencia el 15 de abril del 2025. Así que nos fuimos a casa, incluso con esperanza, pues el sarcasmo del juez dio cabida a ese sentimiento. Estábamos confiados de haber sido claros, nos sentimos escuchados y pensamos que toda prueba sería valorada con respeto, neutralidad y tomando en cuenta todo el panorama completo.

Los meses previos al juicio

Durante los meses que habíamos estado en feria judicial, previos al juicio, los meses pasaron en medio de ilusión, miedo y esperanza. Un amasijo de sentimientos que solo una persona que pasa por una sentencia experimenta porque su futuro literalmente está en manos de otro.

Nos visualizamos libres al fin. Había mucha ilusión sobre lo que vendría.

Durante las visitas al penal, hablábamos de la llegada de Lucas a casa, sentíamos que faltaba tan poco. Era una ilusión llena de miedo y ansiedad, deseo profundo de estar juntos.
Tuvimos las conversaciones más difíciles para que todo mal sentimiento se quedara allá encerrado en aquel penal y una vez afuera, estuviéramos en completa libertad física y mental, sintiendo aquella etapa como un renacer.

Acomodé toda su ropa en el armario, lavé y doblé cada prenda como cuando lo esperaba al nacer. Todo estaba listo, limpio para su llegada a casa, y su cama junto a la de su hermano estaba lista para recibirlo.

Lucas solo quería salir del juicio y tomar el primer vuelo hacia Costa Rica. No quería saber nada más de Argentina en todo lo que restaba de su vida, así nos lo manifestaba. Quería su pueblo, el río, el volcán, las montañas, los amigos, la familia.

Tomás y yo hablamos de planes de quedarnos. Queríamos que él nos acompañara en un viaje a conocer la nieve en el sur de la Patagonia argentina. Queríamos que le diera una oportunidad más a Argentina y conocer gente con valores, que no se quedara con esa impresión del país.

Las visitas fueron de discusión sobre qué íbamos a hacer con aquella libertad después del juicio. Tomás ya tiene su vida hecha aquí, sus amigos, su colegio. Hablamos de los sacrificios que él había hecho para acompañarlo, acoplarse a este sistema y queríamos un tiempo en familia. Por primera vez, Tomás compartió sus sentimientos con Lucas con lágrimas en los ojos, le pidió permanecer con nosotros como si aquello fuera una decisión que alguno de nosotros pudiese controlar.

Nuestras psicólogas apoyaron el proceso en terapia, conocían nuestras conversaciones y la ilusión de nuestros planes. Trataron de aterrizarnos las ideas, que pusiéramos en el panorama una sentencia desfavorable, pero la ilusión del corazón jugó en contra de todo raciocinio.

Hablamos de viajar y permanecer juntos porque era lo que nos merecíamos después de tanto tiempo separados. Hablamos de sanar en el amor como familia, en darnos esta oportunidad de reconocernos de una manera diferente.

Fueron meses de muchísima ansiedad, en donde olvidamos que no teníamos el control de absolutamente nada. Utilizamos estas conversaciones como una tabla sobre la cual flotar en medio de la inundación de sentimientos. La ilusión y la esperanza de hacer realidad nuestros sueños siguen guardadas en el fondo, así como su ropa sigue colgada en el armario y mi corazón anhela su regreso a casa.

La sentencia

Las semanas pasaron y, como una ola que llega inesperadamente, la sentencia llegó con 10 años y 6 meses que dictaron, declarando a Lucas culpable de todo… lo que una persona dijo que hizo.

Lucas llegó esposado al salón donde esperábamos al juez, sucio, sin poder cambiarse la ropa porque no se lo permitieron. En las celdas habían otras personas de otro penal y lo habían golpeado por robarle el abrigo. Gritó y pidió ayuda, pero los guardas no hicieron nada. Estaba asustado porque amenazaron con continuar con la golpiza al regresar.

Recibimos la condena del juez y aún no puedo descifrar ese sentimiento. Fue algo nuevo que no puedo nombrar aún. Fue como estar en un vacío absoluto. Enojo quizá, mezclado con impotencia. Tenía ganas de tomar a Lucas por la fuerza y sacarlo a como diera lugar de ahí. Creo que trataba con todas mis fuerzas de descifrar lo que pasaba por la cabeza de Lucas y el miedo me congeló.

Denunciamos ante el secretario las amenazas recibidas en los calabozos hacia Lucas. Nos prometió hacerse cargo con especial dedicación. Estoy segura, porque así lo siento en mi corazón, que lejos de encargarse para resolverlo, orquestó lo que sucedió después.

Ese día Lucas fue trasladado en el mismo vehículo que estos muchachos y, a pesar de estar a 30 minutos de la Unidad 34, lo llevaron hasta Buenos Aires, lo pasearon toda la tarde por varios penales y durante todas estas horas, a bordo del camión, esposado, sin comer, sin tomar agua, los tipos que iban a su lado lo escupieron hasta agotar todo líquido corporal que tenían disponible para tal fin.

Desde las tres de la tarde que lo abracé en el tribunal hasta las nueve y media de la noche que logré hablar con él de nuevo cuando llegó a su celda, pasé un mar de sentimientos y un profundo miedo de lo que podía estar sintiendo. Solo deseaba escuchar su voz y, al saber lo que había pasado, dejé por completo de creer en la justicia y especialmente en los funcionarios a cargo de ejercerla.

Lejos de estar en un panorama legal positivo, estamos esperando la resolución de la apelación a la sentencia. Llevamos casi tres meses esperando esta respuesta y me encantaría pensar que esta vez tuvimos la oportunidad de presentar el caso a un tribunal justo, a jueces que realmente analizarán con neutralidad el caso completo y pensarán en el futuro que le van a dar a mi Lucas, el cual queda en sus manos.

Está en la decisión de estos jueces, en las manos de tres personas, el destino de mi hijo. A esto hemos llegado: a una sociedad donde, por más deseo de superación, espacios para crecer, oportunidades disponibles, nuestro futuro está en un escritorio con un papel por firmar. La luz de cada corazón sabrá iluminar nuestro camino.

La mirada desde la pantalla grande

Hace poco estuve viendo la película La mujer de la fila.
Es una mirada suave de todo lo que se vive en un proceso. Suavizada para poder comercializar la película y que sea aceptada socialmente, pero lejos, muy lejos aún del drama que como familiares vivimos.

La parte más dura de la película es cuando mujeres que actualmente tienen familiares en cárcel están juntas hablando de sus sentimientos. Una de ellas dice: “Yo no creo en la justicia, para mí no hay justicia.” Otra dice: “Una vez me preguntaron qué me sacó de la cárcel?” Y llorando responde: “A mí la cárcel me sacó la mitad de la vida”. Lloré desconsolada ante estas escenas, porque es un sentimiento que compartimos y nuevamente quiero resaltar que justicia no es una condena, es un conjunto de acciones, tratos, perspectivas y análisis que quedaron lejos de tan solo dictar una sentencia en años de cárcel o castigo.

Imagino a Jesús en la cruz y cito sus palabras en Lucas 23:34: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Ahora, imaginen a Jesús diciendo: “Padre, espero me hagas justicia y reciban el castigo que merecen.” Es así como se escuchan los alegatos de cualquiera de nosotros que hayamos pasado por cualquier tipo de injusticia en esta vida y que esperamos recibir como pago lo que se le pueda quitar o castigar al otro.

Tampoco la Virgen María reclamó llorando por haber perdido a su hijo. No la escuchamos en protestas pidiendo justicia para meter a los asesinos de su hijo en la cárcel.
¿Le suena cruel? ¿Le parece que estoy fuera de contexto porque eran otros tiempos y otra la forma de ejercer el derecho? Pero, lejos de todo lo que la sociedad nos enseñó a escuchar como real, ¿el mensaje en el corazón, usted lo escucha?

No, ya no se escucha porque está lleno de ruido. Estamos tan enfocados en hacer que el otro pague lo que hizo, llenos de dolor y odio, que olvidamos el amor, el diálogo, el perdón, la compasión. Olvidamos que vivimos en comunidades que se construyen desde adentro de cada uno de nosotros, desde el pensamiento, desde el sentimiento, y se proyectan hacia el exterior fisicamente.

Todo lo que nos rodea, lo que resuena con nosotros, es aquello que se proyecta desde adentro, y si nos gustan los mensajes de odio, de poder, la prepotencia, de castigo, es porque son los sentimientos que están dentro.

Yo quiero un mundo diferente, decido llevar dentro de mí solo aquello que pueda dar al mundo valor en el amor.

Aunque se construyan todas las cárceles que el mundo quiere y se encierren a todos los asesinos, violadores, ladrones, estafadores… realmente, ¿vamos a resolver el problema de ese modo? ¿Dejarán de nacer personas que cometen delitos? La respuesta la sabemos: es NO.

El por qué, es encontrar el propósito que tienen en la vida aquellos quienes cometen crímenes, y lejos del castigo es la enseñanza de la misericordia, el perdón, el diálogo, la construcción de una sociedad más consciente. Aún somos tan humanos, tan errados, y no logramos visualizar el mundo de tal forma.

Muchos podrán estar en desacuerdo, pero recientemente recibí un consejo importante de un señor escritor, Juan Carlos Kraimer, en un taller hermoso de viajes al ser, que impartió en el Atelier de Fer.

Me dijo: “Asegúrate de escribir solo para agradarte”.

Honro mi camino. Me libero del peso que cargaba en mis espaldas para dejar salir las alas con las que decido volar con libertad y liviandad.



Comentarios

  1. Sos tan valiente, no pude contener las lágrimas, hoy siento sentimientos encontrados por ese país qué tanto amo, pero creo más en la Justicia Divina y en la gente buena!!!

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  2. Espero que las experiencias que estas pasando fortalezcan tuu vida para afrontar el camino que viene delante.

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  3. Como mamá veo en tu hijo alguien que quería vivir, disfrutar su vida y a una mamá que quiso apoyar a su hijo. La vida nos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
    Desde tu texto a la virgen María y como mamá me uno a tu dolor y al dolor que sintió mamá María, aceptando la realidad pero sin dejar a su hijo solo en ningún momento

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  4. Dios e llorado como loca me duele tanto mi corazón solo espero q está pesadilla pase q regreses a tu tierra y poder abrazarte muy fuerte carito

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  5. Siempre en nuestras oraciones un abrazo.

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  6. No pierdas esa fe porque la justicia llegará.Mucha fuerza..

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  7. Eres una valiente y lo estás demostrando cada día !

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  8. Eres una mujer increíble, tienes mucha fuerza ,solo al ser mamá te das cuenta de cuán capaz eres .Ya no solo luchas por ti ,luchas por tu familia, te mando un abrazo 🫂 Dios te bendiga

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  9. Eres realmente una mujer digna de admirar, su fuerza y amor por su familia es mas grande que todo este proceso… no te sueltes de la mano de Dios y la virgen que son ellos los que te daran la justicia correcta…un abrazo 🥰

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  10. Desde Costa Rica un abrazo para ti y tu hijo y mis oraciones para que pronto esa luz brille, la libertad 🙌🏻

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  11. Me parte el corazón cada vez que te leo, y eso que pensé que estar allá en los primeros días ya había partido mi corazón a más no poder. Cuando pienso que mi corazón no puede doblegarse más, recuerdo que aunque vivo mi vida lejos de Lucas, y no estoy ahí desde hace 3 años, aún me duele, aún reclamo a Dios, pero más importante aún sigo teniendo fé de que Dios está transformándonos y que el día de estar todos juntos de nuevo llegará. Les sigo pensando como desde el día 1 de esta pesadilla aunque hayan mil fronteras entre nosotros.

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  12. Hola mi amiga los planes de Dios uno muchas veces no los entiende, pero quiero que sepas que usted y su hermosa familia estan en nuestros corazones y oraciones, todo esto pronto pasara.un abraso a la distancia.

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  13. De las lecturas más duras que he leído, la historia de esta travesía familiar tan cruel e inhumana.Te conocí hace muchísimos años atrás y te abrazo a la distancia, oro por ti y tu hijo para que Dios los llene de fuerza, fe y esperanza en cada instante. Lleva en oración ante el tribunal de Dios este proceso de tu hijo, si el hombre falla El no, Jesús es el abogado por excelencia úsalo, y que Dios sea el juez , pídele a El que lo juzgue y presenta tu las
    Pruebas esas que el hombre no quiso mirar, agota toda opción de rodillas y pelea con las fuerzas del eterno ya no en las tuyas. Se que Dios obrará a tu favor y se manifestará en lo físico aquello que peleaste en el secreto. Te bendigo y bendigo a tu familia. Proclamó que la sangre de Cristo cubre a tu hijo donde sea que esté y que ningún arma forjada contra el prosperará.

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