¿Cómo se sobrevive al silencio institucional? Aprendiendo a alzar la voz y romper estructuras
Desde lo profundo del alma viene esta fuerte necesidad de la escritura. El cuerpo, por su parte, se resiste a la idea y la mente hace su trabajo distrayendo en el pensamiento. Es difícil lidiar con esta lucha interna mientras acaban de pasar meses que llegaron como una fuerte ola, una que revuelca sin piedad. Removió de la profundidad sentimientos, emociones y empujó hacia la superficie los temores, el miedo, las preocupaciones. Hizo que el aire faltara, sacó a la luz sentimientos que se abren en fechas especiales y que ahora se sienten pesados ante la realidad que transitamos. Las fuerzas parecen acabarse ante tal movimiento. Luego todo pasa y queda la calma que viene después del revolcón. Se puede observar el fondo, tranquilo, desde una mirada diferente. El cuerpo y la mente siempre quedan en estado de alerta, esperando que otra ola similar no llegue por sorpresa. Ya quedó grabada en el cuerpo la enseñanza de la anterior.
Es lo que puedo decir como referencia de los meses que han pasado desde mi última escritura. Meses en donde las familias celebran reuniones de Navidad y fin de año, vacaciones para coleccionar recuerdos entre atardeceres, sonrisas y experiencias.
Ahora en febrero arrancó de nuevo el trabajo en el Poder Judicial después del receso de fin de año. Luego llegó un tiempo de paro por protestas, juntándose con los feriados de carnaval. El tiempo, ¿qué es el tiempo? Es el que pensamos que es igual para todos. Ahora comprendo lo distinto que puede ser, porque es tan personal y discriminante, dependiendo de la situación en la que se está viviendo.
Para los jueces, abogados, fiscales, posiblemente fueron meses de goce entre fiestas familiares, asados, paseos a la playa, días más largos de un verano hermoso en sus piscinas privadas o incluso viajando al exterior.
Para los privados de libertad, noches eternas plagadas de mosquitos y piojos, entre el calor y la humedad de las celdas a temperaturas que llegan a los cuarenta grados. Nadie atenderá sus expedientes hasta que el disfrute de los otros, tostados por el sol, con sus barrigas llenas del poder que les hemos otorgado, decidan atender sus labores.
Son estructuras dentro de una misma sociedad que se hace llamar a sí misma civilizada, pero que dista mucho de ser una sociedad consciente, porque está cegada, segregada cuidadosamente bajo el discurso del miedo, del odio, alimentando lo que nos separa cada día más y alejándonos de lo que realmente importa: el amor, la humanidad y el perdón.
Este mes de febrero se reiniciaron labores; sin embargo, seguimos a la espera de una respuesta. Ahora el trabajo en los escritorios se acumuló. Estamos en una lista de espera, de esas listas que poco a poco nos acostumbraron a normalizar. ¿Cuánto más seguiremos permitiendo que las cosas sean bajo la normalidad que otros dictan? Nos acostumbraron a callar, a no reclamar y mucho menos estando en desventaja con quien tiene el poder en sus manos. Pero ya no estoy dispuesta a sentirme minimizada.
Para nosotros siguen siendo meses de larga espera.
Las Instituciones
A lo largo de la existencia, el ser humano se ha dedicado a crear estructuras sociales. Diseñamos casas, bancos, escuelas, hospitales, carreteras, puentes, juzgados, comisarías, cárceles. Dividimos la sociedad entre los malos y los buenos, según las leyes que un grupo de personas definió en una constitución de un Estado, colocando límites físicos para definir fronteras, publicando leyes en códigos penales y definiendo condenas a todo tipo de actuación que no sea conforme a lo que definimos como sociedad.
Hoy observo el caos que tenemos. Lejos de sentir que seamos una sociedad mejor, somos una en deterioro. Hemos entregado nuestra vida a la estructura y ahora el poder que entregamos en manos de otros nos aplasta con dureza.
El odio, el miedo y la desigualdad se apoderan del mundo.
Estructuramos todo. Hasta los derechos humanos tienen estructura y forma en la sociedad. Son parte de una oficina y tenemos funcionarios que son los encargados de administrarlos. ¿Suena ridículo? Lo es.
Migraciones
Desde mi llegada a Argentina hace casi cuatro años, estoy tratando de regularizar el estatus migratorio de Lucas. Hasta el día de hoy es una persona con estatus migratorio irregular. Un indocumentado más. Lucas es uno más de los miles que el mundo nos está adoctrinando a ver como un mal social. Con miedo nos han controlado hasta el punto de convencernos de que está mal ser indocumentado y así justificar los actos de odio que ejecutan en su contra.
En mi caso, hasta este año logré tener mi DNI (cédula argentina) después de años de lucha, porque para Migraciones yo no tenía un criterio válido de permanencia en el país.
El primer año estuve como turista, extendiendo mi permiso por seis meses consecutivos. Tuve que hacer un viaje a Uruguay para extender el permiso por más tiempo y luego matricularme en una universidad pública porque era la única vía habilitada para mi permanencia.
Recurrí un sinfín de oportunidades a exponer mi caso ante Migraciones en Argentina. Solicité orientación por todos los medios y contacté a instituciones de derechos humanos que, se supone, están diseñadas para este fin: Comisión Nacional para los Refugiados en Argentina (CONARE), Comisión Argentina para los Refugiados y Migrantes (CAREF), Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Escribí a la Embajada infinidad de veces desde mi llegada y hasta hice denuncias ante la Defensoría de los Habitantes en Costa Rica para exponer mi frustración por la ausencia de asesoría por parte de los funcionarios que en aquel entonces estaban ocupando la Embajada y Consulado de Costa Rica en Argentina.
Tomás llegó a Argentina y fue matriculado en primaria en una escuela local, pero estuvimos sin documentación por más de un año.
Recuerdo que un día llegué con Tomás a Migraciones para entregar documentos. Tomás estaba por terminar sexto grado de primaria y me preocupaba la matrícula en la secundaria. Nos negaron el DNI e insistieron en que no contábamos con un criterio migratorio de permanencia (trabajo en Argentina o estudios). Nos sentamos a esperar mientras una funcionaria llevaba los pasaportes para hacer la consulta. Entonces estallé a llorar desesperada, sin poder controlar lo que me pasaba. Había llegado a mi límite y no podía contenerlo. Mi desesperanza era tan grande que no podía retenerla más.
Tomás, mi pequeño, me abrazaba con dolor ante la mirada de todos. Las personas se acercaron, pero yo no podía expresarme. Tomás se dirigió a todos y les explicó que yo estaba desbordada en emociones. Supo poner en palabras lo que estaba sintiendo, con la madurez que le ha tocado encarnar a su corta edad.
No fue hasta finales del año pasado que llegaron nuestros documentos, y aún siguen siendo temporales, con vencimiento en junio de este año.
En el caso de Lucas, he insistido con el abogado, que hace oídos sordos a mis reiteradas peticiones. Asumo que solicitar regularizar el estatus migratorio de Lucas no es parte de los honorarios de una defensa penal.
Este año Lucas se matriculó en la facultad, pero requiere de un DNI. Estoy determinada a lograr obtener este documento, pues no tener identificación está en contra de los derechos básicos de todo ser humano. También lo es no tener acceso a la salud y a la educación.
El año pasado finalmente en el Consulado y Embajada de Costa Rica en Argentina fue nombrado el nuevo personal a cargo. El señor cónsul ha sido para nosotros un ángel de la guarda, quien nos ha acompañado en el proceso desde su llegada al país y con sus visitas a Lucas en el penal alimenta de esperanza a mi hijo.
Entiendo que para la Embajada quizá signifique algún favor político que deseen guardar para temas personales, pero estoy segura de que con algo de voluntad se puede lograr que Lucas tenga acceso a sus documentos, educación y salud, que por cierto… lleva más de un mes con una muela quebrada que nadie se hace cargo de atender porque así son las cosas dentro de un penal.
La solicitud del DNI para Lucas se realizó después de una denuncia que presenté a inicios de este año ante la Comisión por la Memoria (Derechos Humanos de los privados de libertad), quienes presentaron un oficio formal que aún no está resuelto.
Licencia de Conducir
Estuve sin licencia de conducir argentina todos estos años. El auto fue una necesidad ante la situación que estábamos viviendo. Algún día terminaré de pagar el crédito que hice para poder comprarlo y evitar dos horas de viaje en cada visita.
Ante la ausencia de DNI, no pude tramitar la licencia. Tuve que hacer todo el trámite desde cero este año que pasó, porque no se reconoce la licencia de conducir de Costa Rica. Fue un logro enorme cuando finalmente la tuve en mis manos, pero al igual que el DNI es un trámite que tendré que renovar en seis meses.
El Penal
Durante este tiempo de vacaciones pasaron muchas cosas en el penal. A pesar del encierro, los chicos se mantienen unidos y, a su modo, celebraron las fiestas con lo que hay. No pasamos el 25 de diciembre juntos, tampoco hubo celebración de fin de año. A su manera se las ingeniaron para darse el soporte y la fortaleza que solo ellos saben enfrentar.
Todos los días llega el “engome” a las 6:00 p.m. de manera puntual (hora en la que encierran a todos en sus celdas hasta el día siguiente). A pesar de que estamos en verano y ahora oscurece casi a las 8:00 p.m., ellos no modifican los tiempos de encierro.
Este mes de enero fue un mes de peleas internas por la distribución de la droga que se da en todos los penales, bajo control de los mismos oficiales de penitenciaría, quienes manejan organizaciones estructuradas para la distribución y venta. Colocan líderes internos que se encargan de manejar la venta e incluso exigir a las familias pagos mensuales por las celdas que ocupan. Todos lo saben, pero esa es la lógica de los penales: controlar el consumo y la venta.
Cuando llegué a Argentina, estaba saliendo la serie en Netflix El Marginal. Recuerdo las noches en vela y el llanto provocado por el martirio al que me sometí por verla. Necesitaba entender la realidad a la que me estaba enfrentando en un país desconocido y, al día de hoy, lejos de toda exageración, es esta serie el vivo retrato de lo que sucede dentro.
Lejos de toda ficción, desgraciadamente es un retrato crudo y real. No es una serie fácil de digerir y tampoco una realidad que muchos quieran ver retratada. Ocurren violaciones con aprobación del personal policial con tal de dar escarmientos o controlar la venta de droga. Los directores del penal operan como mercaderes entre la distribución, el control de las ventas y las ganancias que se generan. Cualquier intento de personas que realmente quieren aportar positivamente es borrado por amenazas.
Hace un par de semanas fui a recoger una cortadora de zacate para llevarla al penal. La subimos al auto entre Tomás y yo hasta entregarla como “donativo”. Son los chicos del Pabellón 9, donde está Lucas. Ellos compran las máquinas para la carpintería, para hacer el jardín y así poder dar mantenimiento a las instalaciones. Sin embargo, en estos meses les robaron herramientas, les rompieron las máquinas y les quitaron los talleres, haciendo presión para la venta de drogas en el pabellón.
Me he deshecho del miedo que me provocaba denunciar estas cosas que suceden, pero la impotencia me sobrepasa. Ellos agradecen siempre los gestos de ayuda y saben que cuentan conmigo. Acuden a mí como si yo pudiese hacer algo. Me encantaría que las cosas fueran diferentes y generar conciencia para hacer de este un mundo mejor, pero desgraciadamente no hay compasión y es crudo como la serie misma.
Esta semana dos personas de pabellones aledaños se quitaron la vida. Hace unas semanas atrás otro murió en un traslado por las altas temperaturas en el bus que los lleva al Juzgado, sin ventilación. Son seres humanos invisibilizados, un dolor ajeno a todos y que yo siento en mi alma.
Ahora entiendo que ningún ser humano o su dolor es ajeno a mí, al SER que como hijos de un mismo Dios compartimos. Todo lo que está adentro se manifiesta afuera. Yo decido cargar en mi libertad esperanza, humildad y amor, que se multiplica al compartirlo con quienes quizá nunca lo recibieron.
La espera seguirá hasta que algún día resuelvan ver el caso de Lucas entre los expedientes acumulados en la Sala II del Tribunal de Casación Penal de La Plata. Quizá porque ya el plazo para cumplir con la función esté por llegar a su fin.
Hace unas semanas atrás redacté "una carta de bienvenida de vacaciones" para los señores jueces; sin embargo, debe ser entregada por el abogado de acuerdo con la burocracia establecida. A pesar de mis múltiples intentos de convencerlo para hacer la tarea, sigue evitando la fatiga. Esta semana mi tarea será ir a la Sala y esperar que alguien atienda mi solicitud. Sus oraciones abrirán las puertas necesarias para llevar a cabo esta misión.
Tal vez el sistema tarde en responder, pero el despertar interior no depende de ninguna institución.
“El dolor puede transformarse en conciencia”, Eckhart Tolle
Hoy elijo que este proceso no me endurezca, sino que me eleve.
Que no me cierre, sino que me expanda.
Que no me llene de odio, sino de comprensión.
Seguimos caminando con fe.
Carolina Solórzano Solís
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