El expediente no avanza, pero algo dentro de mí sí
Pasaron los meses y he dejado de escribir. Los días pasan y el proceso legal parece estancado en el tiempo. Al mismo tiempo, los meses avanzan con una rapidez fuera de lo normal, el trabajo sigue su ritmo y el mundo entero parece girar en órbitas alrededor, pero todo a otros tiempos dentro de un mismo espacio.
De repente tengo esta sensación de estar dando vueltas sin parar, ver todo alrededor a diferentes distancias de mi cuerpo. Algunas cosas que están más cerca parecen girar más rápido y cuando fijo la mirada en algo que está más lejos, parece girar más lento.
Cierro los ojos, quiero atrapar ese momento.
Si usted comparte conmigo un recuerdo así, solo basta querer atraparlo, querer sentir y conectar con la energía que nos mueve, que nos sostiene y nos brinda el equilibrio.
Puede cerrar los ojos conmigo en este instante, sentir cómo todo gira alrededor y usted sigue estático, en un solo punto cuando todo parece: ir y venir, alejarse y acercarse, aparecer y desaparecer al mismo tiempo.
Puede parecer divertido, quizá conectar con ese sentimiento haga que una sonrisa se dibuje en su cara. Quizá quiera intentar levantarse en este instante y empezar a dar vueltas para sentirlo realmente, entonces le sugiero que busque un espacio abierto para sentir con más impacto el sentimiento y quizá amortiguar mejor la caída .
Puede parecer caótico y hasta tener miedo del mareo que aparecerá después. La mente siempre está presente alertando de las cosas que aún no suceden e incluso, apoderándose del cuerpo hasta paralizar el siquiera intentar este simple ejercicio. Pero, trate de callar la mente, respire e intente conectar con esa sensación de estar girando sin parar.
¿Lo siente? Quizá para todos es una sensación diferente, pero, en esta ocasión, yo solo quiero concentrarme en el aquí y el ahora. En las vueltas que sigo dando y sin poder detenerme.
Pienso en ese instante y la vida misma que sigue sucediendo alrededor. Mientras, yo sigo parada en un punto, girando.
Ahora, quiero ser la que observa desde afuera. Voy a pensar que dejo mi cuerpo allá girando, sigo sosteniendo ese sentimiento pero, mi mirada va más arriba sin afectar el movimiento. Desde esta otra perspectiva me veo, dando vueltas sin parar en un mismo punto pero, las cosas toman otra dimensión.
Desde esta otra mirada puedo apreciar cosas que antes no lograba dimensionar.
Desde esta otra perspectiva, puedo ver una sonrisa dibujada en mi cara mientras las vueltas continúan, puedo ver mis brazos abiertos casi flotando, puedo ver un rostro iluminado por el sol, puedo ver un cabello suelto moviéndose con el viento, el puñado de músculos que se esfuerzan por sostener el equilibrio del cuerpo, puedo verme casi suspendida sobre el suelo queriendo girar con más fuerza.
Acaba de aparecer la alegría en esta escena mental y todo lo demás que estaba estático alrededor parece estar girando conmigo.
¿Por qué hacer este ejercicio?
La calma llega cuando aprendemos a observarnos y a entender que en el caos hay propósito.
Entre el estancamiento del proceso legal, hay otro proceso sucediendo y es justamente el aprender a mirar desde otra perspectiva, una más sana, más amorosa y compasiva. Es una nueva mirada ante aquello, que puede doler, enojar, frustrar pero, que también se puede contemplar, abrazar e incorporar al crecimiento propio.
Los días siguen pasando y el proceso continúa estancado en un escritorio en la Sala Penal de Casación, sin recibir un solo avance al respecto. Este mes de junio 2026, cumplimos un año desde que fue asignado al Tribunal a cargo de la revisión y los días pasan sin siquiera tener una fecha. Cualquier día puede ser el día, no hay más.
Es lo que yo puedo percibir desde donde estoy, quizá en aquel escritorio los jueces estén trabajando, investigando y buscando una pronta solución. No lo sé, todo podría ser posible.
Por otro lado, Lucas continúa en su proceso. Algunos días fueron más llevaderos que otros en los últimos meses. Pero, en estos momentos, ante el peso de las fechas, el cansancio del camino, el cuerpo se agota y los sentimientos afloran en él.
No puedo siquiera pedirle que vea luz, que tenga esperanza y se sienta bien. Está en todo su derecho de sentirse mal.
Comprendí que es su camino y solo él y su alma sabrán cómo sacar esa tarea adelante, a su propio ritmo.
Yo estoy aquí todos los días para acompañarlo en el momento que me necesite, pero, también comprendo que cuando me quiere lejos, tengo que respetar sus espacios. Sin embargo, hasta esos momentos de oscuridad y tristeza, sigo estando presente.
Siempre estaré en su corazón.
Aprendí a respetar su espacio, sus tiempos y valorar su proceso.
La tierra aplasta a los diamantes más brillantes con fuerza. El diamante no hace nada, solo se deja moldear porque confía en el proceso. Algún día, será extraído de esa tierra para ser expuesto con fascinación al Mundo.
También estaré presente ahí, para ver la luz de mi hijo brillar, en cualquiera de sus formas. Abandoné las exigencias de la estructura social y las formas de felicidad que el mundo dicta, aquellas que dijeron, eran las únicas posibles en este plano.
Comprendí que ver a mis hijos en plenitud basta y sobra, no importa lo que elijan ser. Incluso en este momento, a pesar del estado físico y psicológico de Lucas, me siento orgullosa de él y de lo que ha logrado transitar. Confío en su fortaleza, en su fe. Lucas seguirá avanzando como lo ha hecho siempre, hacia la construcción de un nuevo ser.
La Sabiduría de una Madre
Fui madre siendo muy joven. Apenas tenía 20 años y quería disfrutar de la vida, comerme al mundo, pero también quería ser mamá a mi manera. Cometí muchos errores y estaba en todo el derecho de cometerlos. Era mi camino y de ellos aprendí muchas cosas.
Sin embargo, crecí en medio de un pensamiento social y cultural diferente al mío. Poco a poco, me vi ejecutando el papel asignado, en la manera que me enseñaron a hacerlo.
En nuestra cultura ser madre es pasar a segundo plano, primero los hijos. Es algo que se aprende de linajes anteriores y salir del molde no es bien visto.
Por mucho tiempo pensé que ser madre requería de actos de entrega hacia sus hijos y hasta me atreví a llamar a estos actos, sacrificios.
A pesar de todo, la incertidumbre seguía presente: ¿Seré una buena madre?
De pronto, la pregunta dejó de aparecer.
Desde que estamos transitando este proceso las ideas y pensamiento se han ido moldeando. Continúo buscando un punto de observación diferente y absorbiendo la enseñanza.
Encarnar a la madre no pasa por cargar con los sentimientos del otro.
Tampoco pasa por los sacrificios, la culpa, los esfuerzos por sostener, ni por lo que hago para que el otro se sienta mejor.
La sabiduría de una madre pasa por abrazar su propio proceso, enfrentarlo y comprender el suyo propio. Lograr entender que son caminos separados y que ante las elecciones de los hijos, solamente podemos acompañar; hasta donde estemos dispuestas a hacerlo.
Caminamos con un corazón dispuesto a recibir la enseñanza de cada situación que se presenta en la vida. Crecer junto con ellos y soltar el ego que exige que sean iguales o mejores. Se trata también de poner límites a recibir solo lo que aporta y soltar todo lo que no merece ser cargado. Fortalecer la confianza en un propósito mayor.
No significa restarle importancia a los procesos, tampoco se trata de descuido, sino, de obtener una enseñanza propia ante cada escenario.
Aprender a tener esa mirada no es algo fácil, es un camino de amor, de dejarse romper y reconstruirse con otra mirada, la mirada que nace del observador.
Todos los días continúo esforzándome por tener esa mirada distinta ante cada detalle.
Aprender a observarse sin juicio, sin victimizarse, con seguridad y confianza en el proceso, aunque en el instante mismo no existan esperanzas, es lo más valioso.
Hoy vivo cada día con la plenitud de ser el único día que realmente existe, es lo que tengo, es lo que hay... Todo lo que pasará mañana es una ilusión, es mental y solo Dios sabrá qué planes traerá, esa es la aventura de saber vivir.
Es simplemente hermoso saber que elegimos vivir esta aventura juntos.
Carolina Solórzano Solís


Esta palabras tuyas me remontan al versículo de Galatas 3:3 En este Versículo nos recuerda que la vida cristiana no puese comenzar dependienso de Dios y terminar dependiendo de nuestra propia fuerza.
ResponderEliminarComenzar por el Espíritu significa reconocer que todo nace de Dios: la salvación , la transformación, la fuerza y el propósito.
Pero acabar por la carne es volver a cargar con el peso de peso de querer demostrar, controlar o ganar por obras lo que solo puede sostenerse por gracia.
Este versículo nos invita a volver al lugar correcto: no vivir desde la autosuficiencia, sino depender cada día del Espíritu Santo, porque lo que Dios comenzó por gracia, también lo quiere perfeccionar por Su gracia.
Que Dios te llene de su gracia. Con amor papá.